En defensa del imputado



Hoy por la mañana comenzó declarando Fernando Chironi, quien comenzó su relato trayendo a colación la experiencia con su hermano desaparecido.


Chironi comenzó su militancia en los Derechos Humanos motivado por la desaparición de su hermano Eduardo “me motivó mucho involucrarme en la defensa activa de los Derechos Humanos, aunque era muy difícil por la situación de nuestro país” señaló.

El testigo fue convocado por la defensa en concepto del imputado Antonio Camarelli, el mismo explicó que conocía a Camarelli desde muy joven. En el año 1983, cuando Alvarez Guerrero era Gobernador de la Provincia de Río Negro, Chironi era Concejal en viedma. Según el declarante, Gerrero pretendía reformular la policía, “El gobernador me pidió mi opinión y yo le recomendé a Camarelli”. 

El testigo explicó que existe un informe a cerca del accionar de la policía de Río Negro durante el proceso militar, en el cual fue participe en la redacción junto a otros militantes de los Derechos Humanos de la época.
Durante el transcurso de su declaración, Chironi no era muy preciso en sus respuestas, y a veces un tanto contradictorio, sobre todo teniendo en cuenta que tiene un hermano desaparecido y militaba en los derechos humanos.

Chironi, conociendo la situación del imputado, ya sea por los medios de comunicación o declaraciones de victimas que identificaron al imputado como jefe a cargo de operativos que se realizaron en la región, sigue sosteniendo actualmente, lo mismo que pensaba de Camarelli en los tiempos de dictadura “siempre lo consideré y aún lo considero un policía con un profundo espíritu democrático”.


Por Estefanía Mottl

En los allanamientos se "plantaban pruebas"



Antonio Casal fue Jefe de Operaciones de la Policía de Neuquén entre los meses de marzo y noviembre de 1976.

Sostuvo que en las detenciones y allanamientos del Barrio Sapere de Neuquén participaron entre 30 y 40 policía. Argumentó que el procedimiento se hizo “en base a una falacia tremenda”, ya que “la noche anterior pusieron los elementos y después nos mandaron a nosotros”. Y cuando le advirtió a un teniente sobre la manipulación del mismo comprendió lo que sucedía.





Además reveló de qué manera el personal del ejército "plantaba pruebas" en las que después eran allanadas por la policía para hacerlos aparecer como "subversivos". "Los militares ponían elementos a la noche. Cavaban un pozo en un jardín o en la parte posterior de una casa y al día siguiente nos ordenaban allanar los domicilios para detener gente como si fueran subversivos", sostuvo.

Al referirse a Raúl Guglielminetti, el ex comisario de la policía provincial, Casal, lo calificó como "indigno" y recordó un episodio en el que amenazó con matar a su hijo de 5 años si seguía hablando y contradiciendo el accionar represivo.

También relató sobre una reunión realizada a fines del `76 en una casa de la SIDE, en el centro neuquino. "Esa reunión la presidía el Ex Rector de la Universidad Nacional del Comahue, Remus Tetu para organizar acciones psicológicas a la población previas al golpe de estado", precisó. Además señaló que entre los asistentes estaba Guglielminetti.

Se refirió al jefe de policía Osvaldo Antonio Laurella Crippa, también imputado en la causa, calificándolo como “un borracho común, un pobre tipo”. Además relató que al momento de retirarse “nos formó a todos y dijo que tenía facultades extraordinarias para ir del apercibimiento al fusilamiento, y tenían que hacer lo que él quería”. Laurella Crippa sigue el juicio, desde su inicio, mediante videoconferencia desde Bahía Blanca.

Casal pidió el retiro de la fuerza policial en el año 1976 ya que luego del golpe militar "sus principios morales no le permitían soportar el régimen impuesto". Yo soy profundamente cristiano, así cumplía la premisa de “no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a vos”.


Un testimonio poco relevantes


Benedicto Ibañez, fue el segundo testigo en declarar por la mañana. En un testimonio sin demasiados aportes a las causas, el oficial retirado de la policía de Neuquén expresó que desempeñó el cargo de oficial ayudante en la comisaría de Cutral Có, cuando se realizaron los operativos militares en dicha ciudad.

El ex policía neuquino, relató que en los años 1975 y 1976 se realizaron operativos en la comisaría de Cutral Co. Afirmó que dichos operativos estaban a cargo del Ejército y que, en las dos oportunidades, llegaron con una lista de nombres con el objetivo de llevarse a esas personas. El testigo identificó algunos nombres de victimas que están implicadas en el juicio, como Pedro Maidana, Omar Octavio Méndez y Miguel Ángel Pincheira, pero el abogado defensor Hernán Patricio Corigliano, cuestionó al testigo, ya que en una declaración realizada en el año 1986, el policía retirado expresó que no recordaba ningún nombre.


Por Estefanía Mottl y Verónica Benjamín



"Domínguez torturaba hasta que podía”




Héctor Miguel Negrete declaró por el caso de Joubert. Es retirado del ejército argentino y vive en Junín de los Andes. Desde 1975 hace actividades deportivas para el Ejército, y desde el ´78 que es baqueano de montaña.
 Conoce a Ernesto Joubert, una de las víctimas d la represión en Junín de los Andes. como vecino, desde hace 40 años y hace unos años le comentó que en 1977 fue detenido,  maltratado, y que había quedado muy dolido.

Explicó que la víctima le había preguntado por un compañero de él, el suboficial baqueano Raúl Artemio Dominguez, con quien cumplió funciones en el Regimiento Infantería de Montaña 26, ya que en una ocasión mientras cortaba el pasto, Joubert lo había reconocido como a una de las personas que estuvo en el momento de su detención.

 Ante las consultas de la víctima, Negrete le dijo que a Domínguez lo conocía, y que en sus actitudes “era bastante picante, y un hombre con despropósitos hacia los soldados”. Pero no pudo precisar qué función cumplía Domínguez dentro del cuartel.

El Defensor Hernán Corigliano le leyó una nota con información expresa que Negrete le había entregado a Joubert, sobre el perfil de Domínguez. En la mismo lo calificaba, como “un ser sanguinario, maldadoso, y que torturaba hasta que podía”. Incluso aclaró que había sido sancionado por maltratar a soldados.

Sostuvo además que nunca dudo de lo que le contó Joubert  ya que “todo lo decía con firmeza”


Por Verónica Benjamín

“Aquel episodio decidí borrarlo”


Roberto Mario Coppolecchia en 1976 era el administrador del hotel del Sindicato de Seguro de esa Bariloche, y vivía allí junto a su esposa y sus tres hijos. Estaba a cargo del hotel del Sindicato de Seguro como cuadro dirigente, con el fin de administrarlo y detentar la participación del Sindicato en Río Negro y Neuquén.

Contó que el 21 de junio de 1976, “dos miembros llegan al hotel con la misión de revisar si tenían armas”, y fue detenido por fuerzas de seguridad de la ciudad y encerrado luego en una celda de la Unidad de detención Nº9 (U9).

Estuvo 10 días en la comisaría hasta el 28 de junio cuando lo trasladan a Neuquén, en una camioneta del Ejército con un civil. Mientras estuvo secuestrado, advirtió la presencia de otras personas cautivas y dijo haber escuchado gritos.

Lo llevaron a un lugar que no pudo identificar y estuvo en una cucheta con las manos atadas atrás. Lo levantaron y lo sentaron en una cama metálica y alguien dijo “te equivocaste” no era él, y lo regresaron donde estaba. Lo llevaron de nuevo y a la noche siguiente lo interrogaron por gente de Bariloche. Al día siguiente lo llevaron a la U9 y dos días después le devolvieron la libertad.

Coppolecchia responsabilizó de su privación de la libertad al entonces Jefe de Gendarmería de Bariloche, el Coronel Néstor Rubén Castelli. Ya que en 19 76, el hotel que administraba, era lugar de reunión para jugar ajedrez, y en el que participaba el Castelli. En un episodio, había en el salón un retrato del General Juan Domingo Perón que le habían ordenado sacar, pero que él se negó. Aunque en la comisaría de Bariloche nunca le brindaron los motivos de su detención.

Ante la consulta de si fue torturado, Coppolecchia respondió que depende qué se entienda por tortura, “una persona llevada detenida sin su consentimiento, es tortura, claramente más allá del tomento físico” Relató que recién denunció los hechos en el 2008, cuando lo visitó en su casa de Vicente López, ciudad donde reside actualmente, Noemí Labrune. Y que le está agradecido ya que “que le permitió retomar un tema que había puesto en el olvido”. Y que él decidió borrar los hechos, ya que en el 76 tenía hijos chicos y “aquel episodio me había marcado mucho, decidí borrarlo”.




“Es terrible porque esto nos marcó a toda la familia”



En un compungido relato Graciela Elisa Arroyo contó cómo fue la búsqueda de su marido. Al momento de la detención de su esposo Roberto Mario Coppolechia, ella estaba en Buenos Aires son sus dos hijos menores. Mientras que su marido se encontraba en el Hotel Argentina Libre de Bariloche, que administraba, junto a su hija.

Estando en Buenos Aires, y debido a que esperaba el llamado de su esposo, que no llegaba, consiguió un teléfono y no contestó su esposo, sino que le respondieron otros empleados del hotel, con la triste noticia de que a su esposo lo habían detenido y que su hija mayor de tan sólo 6 años, había quedado con gente del hotel.

Arroyo se comunicó con el Sindicato del Seguro y regresó a Bariloche. Se enteraron que Coppolecchia estaba en la Comisaría de la ciudad, y pudo verlo en una ocasión. Cuando lo vio, estaba “deprimido y triste”.

Concurrió al Batallón de Bariloche donde le dijeron que estaban en guerra y que “esto lo hacían por las futuras generaciones”

Cuando regresó a Bariloche, casi un mes después, Coppolecchia era otra persona “estaba muy flaco, muy triste”, sostuvo Elisa Arroyo. No pudieron retomar la vida como normalmente la hacían “pensábamos vivir en Bariloche, pero nos tuvimos que ir de allí”. A lo cual agregó “mi hijo menor, de cuatro años, veía un soldado y temblaba”.



Por Verónica Benjamín